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La Unión Europea busca desesperadamente traductores para las veinte combinaciones de interpretación que surgen con sus ampliaciones .

La UE se enorgullece de ser la única institución del mundo a la que todos los ciudadanos pueden dirigirse en su propia lengua. Pero ser políglota le está saliendo cada vez más caro a esta nueva Europa de más de 455 millones de habitantes.

El funcionamiento de esta moderna Torre de Babel necesita un ejército de lingüistas y traductores, siendo imposible sin el avance tecnológico. En los salones de reunión de todas las instituciones europeas en Bruselas es habitual ver a los funcionarios de los veinte países conectados a audífonos de traducción simultánea para seguir y participar en los debates. La página de Internet de la UE (www.europa.eu.int) ya está disponible en los veinte idiomas, pero las complicaciones de comunicación se dispararon con la ampliación lingüística.

Aunque la planta de traductores crecerá a 2.600 personas, el mayor problema radica en los servicios de interpretación simultánea. “Es muy difícil encontrar traductores que hablen a su vez maltés y eslovaco fluidamente, o griego y húngaro”, dijo el director general de Interpretación de la UE, Marco Benedetti. El asunto se enmaraña cuando se sabe que el maltés sólo lo hablan 400.000 personas y el húngaro es uno de los idiomas más difíciles de aprender (tanto, que se dice que sólo lo saben los húngaros) porque tiene doce declinaciones, cuando el alemán, que de por sí es complicado, apenas tiene cuatro declinaciones. Ante este laberinto idiomático, varios eurofuncionarios sugieren instaurar un idioma oficial neutro, algunos proponen el inglés y otros recomiendan revivir el esperanto, pero estas iniciativas no han prosperado.

La UE tendrá que construir macrorecintos con veinte o más cabinas de traducción simultánea en Bruselas, Luxemburgo y Estrasburgo. Por ahora, el problema se ha solucionado habilitando una sala grande del Parlamento Europeo que servirá para las sesiones plenarias de la Eurocámara, el Comité de Regiones y el Comité Económico y Social.

Los nuevos socios de la UE aportan setenta y cinco millones de habitantes, el veinte por ciento más de territorio al club y un PIB que únicamente representa el cinco por ciento de la economía comunitaria. Pero como el inglés es el segundo idioma más hablado en todos ellos, los nuevos eurofuncionarios acuden al inglés en los pasillos de la Unión Europea para hacerse entender, lo cual ha desatado el enojo de países como Francia y Alemania, que les han dado a sus idiomas el estatus de claves para el desempeño de la Unión Europea. De hecho, las tres lenguas básicas de los documentos de la UE son el inglés, el alemán y el francés.

Sin embargo, en la práctica el inglés es la lengua más hablada, pues además del 16 por ciento de la población comunitaria que tiene el inglés como su lengua materna, otro 31 por ciento de europeos puede mantener una conversación en este idioma. Pero Francia y Alemania se resisten a que la UE sea ‘dominada’ por la cultura anglosajona. Francia está ofreciendo cursos gratis de francés en París a los nuevos eurofuncionarios, 1.000 de los cuales ya aceptaron, y se espera que Alemania haga lo mismo.

“Lo cierto es que si no hablas francés o alemán en Bruselas estás perdido, admitió el eurodiputado español Alejo Vidal-Quadras, quien lleva ocho años en la UE. La mayor parte de la política europea se negocia fuera de los salones, en los pasillos y los despachos, en privado y sin traductores, y para lograr el importante apoyo de los diputados alemanes o franceses y su influencia sobre los demás países tienes que hablarles y convencerlos en su idioma”, comentó.

Aquí los países del norte de Europa les llevan una gran ventaja a los del sur y los del este. Los daneses, alemanes, suecos y noruegos hablan en promedio tres idiomas, mientras que los británicos, irlandeses, portugueses y españoles se aferran a su lengua natal y difícilmente pueden mantener una conversación en un idioma que no sea el propio.

La expansión hacia el este acerca cada vez más la Unión Europea al mundo del Islam. En Chipre, el nuevo miembro, el dieciocho por ciento de la población es musulmana, y se estima que en el club europeo viven entre veinticinco y treinta millones de personas de esta religión. A ello hay que sumar Turquía, donde la mayoría de los 70 millones de habitantes son musulmanes, y Bosnia, cuya principal religión es el islamismo. Todo esto convierten el turco y el árabe en idiomas obligados de negociación de la UE con sus vecinos y la inducen a plantearse un nuevo tipo de relaciones con el mundo islámico.

El mito bíblico dice que la construcción de la Torre de Babel se detuvo porque sus constructores hablaban tantas lenguas que ya no se entendían. Por ahora, la Unión Europea tiene dinero para pagar los cuarenta intérpretes que necesita diariamente cada idioma para atender las 2.000 reuniones y las 2,5 millones de páginas de documentos traducidos que exige anualmente el organismo. “Y que sean bienvenidos, porque más lenguas no significan más complicaciones, sino más riqueza”, aseguró Marco Benedetti, quien cree necesarios nuevos traductores para el diálogo con Rusia, China y los países árabes.

Basado en el estudio de Carlos Alemán